Argentina Campeón!!!

Argentina campeón. Después de 28 años rompió el maleficio. Ganó la Copa América. Ante Brasil. En Brasil. Con un Mesías. Con un Angel. Y con D10s en el cielo. Lo que parecía improbable fue real. La selección, formateada desde un entrenador con poca experiencia pero mucha osadía, que ejecutó la indispensable renovación que otros no hicieron. Sí. Lionel Scaloni organizó con su impronta un equipo que tuvo convicción y determinación, como así ductilidad y temperamento para jugar una final como la idiosincrasia nacional manda. No sin problemas. Pero con la claridad conceptual de que cuando no se puede jugar, se lucha. Y así empujó las puertas de la gloria en el Maracaná para consagrarse.

La selección creció desde el pie. Y se consolidó desde la cabeza. Y conquistó América con un puñado de jugadores que se desarrollaron entre el escepticismo y la crítica. Pero que pese a todo forjaron este sueño en un amor propio y también en una unidad monolítica. A tal punto que en la final hasta supieron disimular un rendimiento dispar, incluso de su propio capitán.

Un país explotó pletórico. Es que el fútbol activa el botón de las sensaciones. Porque el festejo también fluye como desahogo. Porque el fervor libera angustia. La alegría deportiva camufla la tristeza social por tanta pérdida en tiempos de pandemia y economías rotas. En donde la bronca actúa como combustible de felicidad. Sin temor a que la autenticidad de una celebración sea utilizada para otros fines, porque ese uso será efímero.

Porque se trata de fútbol. Se trata de pasión. Por supuesto narrado con soportes tácticos, técnicos y de actitudes, pero con la imprevisibilidad como rayo repentino que incide y rompe con todo lo planificado.

Si desde las formaciones los roles parecían invertidos según la historia. Lionel Scaloni armó un equipo con volantes ofensivos presentando la convicción de someter a Brasil desde la posesión, y Tite ratificando con el once inicial el pragmatismo y la flotación.

Y así Brasil y Argentina animaron un partido de película, con mucha tensión, y por momentos intenso. Es que el guionista le aportó condimentos a un rodaje que transcurrió en el mítico Maracaná. Convirtiendo en un éxito una saga que en la primera parte convirtió en protagonista a un Angel. Que tantas veces fue demonizado por la crítica fácil de ese poder mediático de un país unitario. Pero con su amor propio y calidad acuñada en Rosario, a los 22 minutos mostró temple y jerarquía para tocar sutilmente de zurda la pelota por encima del arquero brasileño para llenarse la boca de gol. Y gritárselo a todos. Incluso a sus detractores. En una escena que tuvo como partícipe necesario a De Paul, que le metió una asistencia ejemplar.

La ansiedad argentina empujaba el reloj pero el primer tiempo concluyó sin sobresaltos para Emiliano Martínez, quien prácticamente hasta ahí fue un dibujo porque nunca lo exigieron.

Scaloni metió cambios estratégicos para resistir y tratar de sorprender de contra. Como la que tuvo Messi en el final. Pero Argentina aguantó. Con orden y mucha entrega. Mientras Brasil exigía por momentos, poniendo al arquero Martínez otra vez en un rol clave.

Argentina ganó la Copa América. En Brasil y contra Brasil. La conquistó de punta a punta. Con la rosarinidad al palo. Porque Di María hizo el gol. Messi levantó el trofeo. Lo Celso se duplicó. Scaloni lo dirigió. Y Samuel lo ayudó. Suficiente. Para Rosario y Argentina, la alegría no tiene fin.

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