Daniel Marx: “Tenemos que volver a tener una moneda fuerte”.

El economista Daniel Marx analizó en Otros Ámbitos (Del Plata Rosario 93.5) la economía nacional y su articulo sobre la inflación.

El articulo citado.

En momentos de campaña electoral se levantan temas variados. Uno que reapareció temprano fue la gráfica de los billetes de pesos y el simbolismo asociado. En versión más realista y cercana al sentimiento de los ciudadanos aparece la inflación como preocupación mayor. Ciertamente las figuras impresas en nuestros billetes merecen mejor trato que representar algo que va perdiendo valor tan aceleradamente.Presentamos algunas reflexiones de lo que está ocurriendo en la materia y cuáles serían las dificultades por superar para que esos símbolos vuelvan a ser valorados.

Al respecto notamos que la inflación no es exclusivamente un fenómeno de oferta de dinero. En lo que va del año, la base monetaria (que incluye los billetes y monedas en poder del público y efectivo y depósitos de los bancos en el BCRA) creció 16% mientras que la inflación minorista en el período fue del 33%. Es decir, hubo una contracción de ese agregado en términos reales.

La emisión se generó por el financiamiento del BCRA al Tesoro para fondear sus necesidades por déficit y otros pagos, tanto en pesos como en moneda extranjera. También en las compras de reservas, especialmente impulsadas por el superávit comercial.

Simultáneamente, el público demostró cierta aversión a mantener pesos, lo cual aumentó la velocidad de circulación (rotación en su uso). Es decir, disminuyó la demanda de dinero, manifestándose en inflación y presiones en la demanda de activos alternativos como es el caso de divisas, que se traduce en la venta de pesos y reducción de reservas internacionales del BCRA o en presiones al alza en los tipos de cambio asequibles en el mercado.

En estas circunstancias, para neutralizar los efectos agravados por el exceso de dinero disponible, el BCRA impulsó mecanismos de absorción de liquidez mediante la emisión de sus propios instrumentos de deuda -Leliqs y Pases- por montos que llegan a un 9,2% del PBI al 31-7-2021. Estos instrumentos, de corto plazo, conllevan pagos por intereses y constante renovación de vencimientos que requieren un manejo cuidadoso.

Estas pautas se replican en otros agregados monetarios más amplios. Uno de ellos es la cantidad de dinero transaccional, que abarca los saldos en cuentas corrientes y cajas de ahorro. Así, una cantidad real de dinero menor y el mayor financiamiento al Estado repercuten más que proporcionalmente en la disponibilidad de crédito a familias y empresas, con las complicaciones que ello genera a la inversión y del desarrollo de sus actividades.

Otros factores también inducen y potencian la dinámica de subas de precios. Entre ellos mencionamos presiones de costos, ajustes por coberturas ante dificultades en la reposición de stocks, inercias y actualizaciones de rezagos en formas compensaciones contractuales explícitas o implícitas, disminución de competencia o condiciones de compraventa de insumos que no se presentarían si hubiese condiciones de mayor estabilidad, productividad y apertura.

Así planteados, los efectos señalados tienden a retroalimentarse, dando lugar a crecientes niveles y frecuencia en alzas de precios, inestabilidad monetaria y cambiaria y, especialmente, una economía que no desarrolla su potencial. Con ello, se hace más complejo lograr un equilibrio estable en la interacción de los engranajes de la macroeconomía y el tejido social.

La perspectiva para los próximos meses es compleja ya que se prevén mayores necesidades de fondos para el Tesoro, en momentos en que ciertos precios clave de la economía no están alineados con una situación estable, no solo en lo referido a las tarifas de los servicios públicos. A pesar de que, el tipo de cambio oficial se corresponde al promedio histórico en poder adquisitivo (complementado por favorables términos de intercambio del comercio exterior), las dificultades de acceso a ese mercado señalan una demanda insatisfecha de moneda extranjera y la disposición a pagar más por la misma. En gran medida, ello se explica por la menor demanda de pesos mencionada.

No hay una solución sencilla para resolver esta situación. Si bien en determinadas circunstancias recurrir a un cambio en la presentación de la moneda puede servir como catalizador de la comunicación de un nuevo paradigma, de ninguna manera sustituye la implementación de medidas coherentes, comprehensivas y creíbles, que sean la base para un funcionamiento estable y sostenible de la economía.

Estas abarcarían los siguientes aspectos:

  • 1) Reforzar un clima de inversiones con el objeto de incrementar la oferta de bienes y servicios, logrando mayor demanda de dinero vinculada a más transacciones. Ello dentro de una perspectiva de mejoramiento de las condiciones generales y cumplimiento de los contratos, incluyendo el de no erosionar el poder adquisitivo de la moneda.
  • 2) Consistente con ello preservar la moneda como unidad de cuenta confiable, en un marco de restricciones en la creación y manejo de la oferta monetaria.
  • 3) Ello significa promover los instrumentos de moneda local como medio de ahorro eficaz, no sólo respaldado por una economía que mejora, sino también por un marco institucional conducente y una supervisión adecuada de riesgos.
  • 4) Evitar cuestiones de arbitrajes por diferenciales creados artificialmente -ej, precios múltiples para el mismo instrumento-, y un esquema simplificado de uso del dinero. El diseño del mercado cambiario y su cristalización como tal es un caso notable de acción a encarar.
  • 5) Podría contemplarse que el lanzamiento de esta forma de estabilización tenga como accesoria una serie de pautas de conducta tendientes a cortar la inercia inflacionaria y que los agentes económicos -empresas y personas- puedan tomarlas como guías en la coordinación para los contratos y la toma de decisiones.

En un mundo de creciente uso de transacciones digitales y fuertes avances de pagos y servicios electrónicos, pierde peso el uso de billetes y, por ende, la iconografía usada en ellos. Sin embargo, de una u otra forma sigue teniendo importancia la defensa de la moneda de curso legal como medio y patrón de pagos, unidad de cuenta y depósito de valor. 

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