Entre Milei, el kirchnerismo y su propia coalición: el difícil equilibrio de Pullaro

El gobernador Maximiliano Pullaro transita la mitad de su mandato con una realidad política que expone una paradoja: llegó al poder con un respaldo electoral contundente, pero gobierna condicionado por los mismos acuerdos que hicieron posible ese triunfo.
Desde el retorno de la democracia en 1983, ningún gobernador de Santa Fe ha podido prescindir de los pactos políticos para llegar a la Casa Gris. Sin embargo, el actual mandatario parece haber llevado esa lógica a un nivel superior: la administración provincial funciona como un delicado entramado de equilibrios entre sectores que, más que acompañar, muchas veces condicionan.
Para alcanzar el 58,47% de los votos que lo llevó al primer piso de la sede gubernamental en la ciudad de Santa Fe, Pullaro debió sellar acuerdos con fuerzas clave de la política provincial, entre ellas el Partido Socialista (Argentina) y el PRO (Propuesta Republicana). Ese entramado fue decisivo para la victoria, pero también delimita hoy el margen de maniobra del gobernador, tanto en su relación con el gobierno nacional como en la construcción de nuevas alianzas políticas.
En ese escenario, Pullaro se ve obligado a ejercer un liderazgo firme para contener tensiones que muchas veces provienen de su propio espacio. La política interna de la coalición se vuelve, así, un frente de batalla permanente. Y el gobernador, que suele definirse como un “boxeador” de la vida política, parece actuar bajo esa lógica: resistir golpes, medir fuerzas y esperar el momento oportuno. Alguna vez expreso a un periodista, a mi para ganarme tienen que noquearme.
Desde su entorno aseguran que las protestas o cuestionamientos no alteran demasiado su ánimo político. La pregunta que sobrevuela es otra: si esas críticas representan una oposición consistente o si se limitan a escaramuzas pasajeras dentro de un escenario político todavía en reconfiguración.
A ese cuadro se suma otro elemento que inquieta al oficialismo: la influencia de algunos medios regionales con fuerte capacidad de agenda. En privado, operadores del gobierno admiten que existe cautela frente a la posibilidad de que conflictos internos o situaciones personales de funcionarios se transformen en episodios de alto impacto político
Dicho por operadores del gobernador, también lo tienen maniatado algunos medios periodísticos monopólicos regionales. Les teme, tanto que en voz baja dicen, a ver si deschaban la amante de algún funcionario y nos trae problemas.
El mapa electoral también aporta señales que el gobierno no puede ignorar. Del amplio triunfo inicial del 58,47%, el oficialismo pasó a resultados más modestos en elecciones posteriores. En los comicios para convencionales constituyentes, el espacio encabezado por Pullaro obtuvo alrededor del 34,72% de los votos.
En ese mismo proceso, la vicegobernadora —candidata a diputada nacional— terminó en tercer lugar con el 18,32%. Dentro del oficialismo circula una interpretación política: la candidatura habría sido parte de un acuerdo interno con la mirada puesta en 2027, con la posibilidad de volver a integrar la fórmula provincial. Mientras tanto, la banca nacional asegura presencia política y tiempo para reordenar el tablero.
El desafío del futuro político
Si el presente aparece atravesado por tensiones internas, el futuro político tampoco se presenta sencillo para el gobernador. Pullaro parece intentar posicionarse en un terreno claramente anti-kirchnerista, buscando instalarse en una grieta que vuelva a ordenar el escenario político.
Sin embargo, las últimas elecciones dejaron otra enseñanza: las marcas electorales parecen haber comenzado a pesar más que las figuras individuales. En ese sentido, La Libertad Avanza hizo honor a su nombre en Santa Fe. Incluso sin candidatos ampliamente conocidos, logró imponerse apoyada en una consigna simple y efectiva: respaldar al presidente Javier Milei.
Ese fenómeno abre la posibilidad de un escenario de tercios. El kirchnerismo, aun debilitado tras la crisis del gobierno de Alberto Fernández y su jefa presa en su departamento con tobilleras, suele conservar un piso electoral que lo mantiene competitivo. La Libertad Avanza, por su parte, aparece atada al desempeño del gobierno nacional. Y en ese tablero el gobernador santafesino enfrenta un dilema complejo: confrontar con el presidente puede implicar el riesgo de que la Casa Rosada juegue políticamente en contra de la provincia.
A ese escenario se suma otro factor clave: la seguridad, uno de los pilares que explicaron su triunfo electoral. Durante la reciente ExpoAgro, al ser consultado por hechos ocurridos en una escuela de Rosario, Pullaro fue prudente: “La seguridad no está ganada; siempre puede volver a aparecer”, señaló.
La frase recordó inevitablemente aquella polémica declaración del ex ministro nacional de Seguridad Aníbal Fernández cuando afirmó que el narcotráfico “había ganado”. En política, las palabras también pesan, y en una provincia donde la seguridad sigue siendo una preocupación central, cualquier señal puede adquirir un significado mayor.
A mitad de camino de su gestión, el gobernador sigue navegando entre acuerdos políticos, tensiones internas y un escenario nacional cambiante. El desafío será sostener el equilibrio sin perder el activo que lo llevó al poder: la expectativa social de que, esta vez, la provincia pueda empezar a resolver sus problemas estructurales.
A todo esto, El abogado penalista Leonardo Sigal afirmó que la banda narco “Los Monos” abandonó Rosario por la intervención de Milei y se instaló en distritos como La Matanza y San Martín en PBA al verse beneficiados en el territorio de Kicillof.

“Cuando Bullrich empezó a apretar en Rosario, logró que se vayan. En San Martín y La Matanza hacen lo que quieren. Esto se denomina ‘la ruta de las ratas’, que es cuando el narco, el delincuente, busca una zona más favorable a su actividad”.
De ser cierto esto, la vuelta a su territorio no es segura, pero esta administración tiene que estar alerta máxima para que no ocurra.
Veremos 1 año de chispas pero hay dos fechas claves que van a ir moldeando el 2026, ek mundial de futbol que termina en mitad de julio y todos queremos llegar a la ultima fecha fiual y ganarla y las elecciones intermedias en EEUU, que de no ganar cómodo el actual presidente Donald Trump, los 2 años siguientes que de por si son patos rengos, ya que no puede ser reelecto, puede sufrir embates apresurados como: impeachment (juicio político) es el proceso constitucional en EE. UU. para destituir a altos funcionarios, incluido el presidente, por traición, soborno u otros delitos graves. La Cámara de Representantes actúa como fiscal (acusación) y el Senado como juez (condena), requiriendo dos tercios de votos en este último para la destitución.
Varios sectores están en pie de guerra con “Maxi” los maestros, jueces, empleados públicos y si bien llegaron a un acuerdo, la policía perdió la empatía con el gobernador.
El poder mas enojado es el judicial, tenían muchas expectativas con su mandato, pero se sintieron traicionados por el poder político que sobrepasó limites sobre el judicial, dicen ellos.
Ante este panorama, empezó a tejer soluciones, aumentos a policías, aumentos a maestros y empleados públicos, pero nada es inocuo, ESOS FONDOS SE LOS SACA A OTROS SECTORES, que empiezan a sentir la mano del recorte. Entre ellos los medios de comunicación no monopolicos que le recortaron la pauta publicitaria, para pagar los aumentos, dicen.
U$S 800 millones de razones son la garantía de este gobierno para llegar indemnes a las elecciones del año que viene.